Cuando uno arranca una travesía en moto, los primeros días definen el ritmo del viaje. La primera semana sobre la Ruta 40, desde Bariloche hasta El Bolsón, me enfrentó a decisiones que no aparecen en los mapas ni en las guías turísticas. Elegir dónde cargar nafta antes de que cierren las estaciones, calcular las horas de luz para no terminar en un camino de ripio de noche, y aceptar que el viento patagónico no se negocia. En esos primeros kilómetros aprendés que el equipamiento no es un lujo: una chaqueta con buena ventilación y un casco con visera antiniebla marcan la diferencia entre llegar cansado o llegar roto. También descubrí que los alojamientos con garage para la moto son más escasos de lo que pensaba, y que vale la pena llamar antes para confirmar. Esta crónica no promete secretos mágicos, solo lo que pasó realmente durante siete días sobre el asfalto y la tierra, con paradas en estaciones de servicio, desvíos por caminos secundarios y una que otra noche en carpa cuando el bolsillo no daba para más. Si estás planeando tu primera salida larga, estos apuntes pueden ahorrarte algunos dolores de cabeza.